En la parada de autobús

El otro día en una parada de autobús oía a dos mujeres hablando sobre el tiempo que llevaba esperando una de ellas a un autobús. Hablaba alto, enfadada porque esa espera le ocasionaba un contratiempo grande con su familia. En esa parada pasaban cuatro autobuses. La otra mujer extrañada le preguntó que porqué dejaba pasar otro autobús que le llevaba también cerca de su casa, incluso creo recordar que paraba en el mismo sitio. La respuesta fue muy sencilla, “porque siempre cojo el mismo y ya estoy acostumbrada”.

Situaciones como estas ocurren cotidianamente. Aferrarse a algunas costumbres, a veces cargadas de inconvenientes, que no dejan plantearse otras posibilidades que podrían ser más ventajosas. Es una situación simple la de esperar un autobús, aunque podemos darle otros matices: que ocurre en un día de lluvia, que es de noche, que pasan los coches por los charcos y nos salpican, etc., pero, aún así, se insiste en mantener la costumbre aunque vaya cargada de quejas.

Evidentemente no es una situación general esta que se propone, porque la otra mujer hubiese cogido otro autobús. Cada uno respondemos individualmente. Pero me hace pensar en cómo esta mujer no se permite otras salidas posibles a una situación tan cotidiana y sencilla. En cómo la salida que toma es agarrarse a la queja, a la espera, sin darse la posibilidad de llevar ella la iniciativa sobre su deseo: llegar a su destino sin tanta demora e inconvenientes.

De esta situación simple podemos plantearnos algo más trascendental. La cuestión de dejar pasar algunos autobuses que nos llevan más satisfactoriamente a realizar nuestros deseos, en vez de aferrarse a las circunstancias, aunque sean adversas. Unas veces no surgen respuestas a situaciones que preocupan en algunas facetas de la vida (afectiva, laboral, sexual, etc.) o bien porque no se da esa posibilidad de cambio, por la comodidad de acoplarse a las circunstancias, al “es lo que hay”, que no permite pensar que podría ser de otra forma; o bien porque, aunque surgiendo la posibilidad de cambio, da miedo, “mejor me quedo como estoy”. Yo pondría un interrogante, un punto de reflexión, de diálogo porque en ese “es lo que hay” o “mejor me quedo como estoy”, en muchos casos se esconde un sentimiento de malestar, de inconformidad, de desconcierto, de agresividad… y se deja pasar ese otro autobús que lleva a la posibilidad de descargar tanta queja y malestar y de poder pensar sobre los miedos y en otras respuestas para poder afrontar más satisfactoriamente nuestra vida.

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